La academia nace con el carácter claro de servir de guía educativa, de posicionante social y de formador de la burguesía en la edad media Europea y en la aristocracía Americana los criollos y Españoles asentados la fundaron y la pusieron al servicio, de ellos mismos, por supuesto.
Sin tener en cuenta el origen clerical de las universidades, fueron centros de enseñanza ante todo en un mundo Granadino y posteriormente Colombiano naciente, donde cabían todas las personas que tuvieran un grado de instrucción. La universidad es un propulsor de talento, un potencializador de ideas, centros de estudios y de investigación, de creación artística, literaria. La universidad es humanismo en su expresión más pura.
Eso parecería. Eso en el mundo. Eso en donde las problemáticas sociales tienen solución; o no las hay. En colombia la situación es distinta. Al haber un desmesurado abandono del campo y grandes migraciones urbanas hay un aparato democrático incapaz de sostener las necesidades educativas de la población.
Los avances en la media secundaria son gigantes, al menos en las capitales importantes. Pero la academia sigue siendo un lujo, un mundo paralelo imposible para una población mayoritariamente pobre. En las universidades públicas no cabe tanta gente, y en las privadas las sillas están contandas, y pagadas.
El Colombiano promedio, que come, vive, incluso con un ingreso respetable; ve con envidia, con fascinación, com anhelo la universidad. Quiere ser como esa gente que ve sonriendo por el esfuerzo, que ve orgullosa leyendo en cualquier lugar, que sabe que debe respetarla porque en algún momento va a ser un jefe, un doctor, alguna cosa que requiera respeto.
Lo que no sabe, nunca supo y nunca sabrá es que, por difícil que parezca, la academia esta abierta para quien la desea. Más que centros de alto nivel social, son cultivos, y todos pueden ser fruto, sin importar el manzano del que vengan.
Sin tener en cuenta el origen clerical de las universidades, fueron centros de enseñanza ante todo en un mundo Granadino y posteriormente Colombiano naciente, donde cabían todas las personas que tuvieran un grado de instrucción. La universidad es un propulsor de talento, un potencializador de ideas, centros de estudios y de investigación, de creación artística, literaria. La universidad es humanismo en su expresión más pura.
Eso parecería. Eso en el mundo. Eso en donde las problemáticas sociales tienen solución; o no las hay. En colombia la situación es distinta. Al haber un desmesurado abandono del campo y grandes migraciones urbanas hay un aparato democrático incapaz de sostener las necesidades educativas de la población.
Los avances en la media secundaria son gigantes, al menos en las capitales importantes. Pero la academia sigue siendo un lujo, un mundo paralelo imposible para una población mayoritariamente pobre. En las universidades públicas no cabe tanta gente, y en las privadas las sillas están contandas, y pagadas.
El Colombiano promedio, que come, vive, incluso con un ingreso respetable; ve con envidia, con fascinación, com anhelo la universidad. Quiere ser como esa gente que ve sonriendo por el esfuerzo, que ve orgullosa leyendo en cualquier lugar, que sabe que debe respetarla porque en algún momento va a ser un jefe, un doctor, alguna cosa que requiera respeto.
Ahora que las facilidades para estudiar crecen en un país que también lo hace (coejando y todo), el estudio que aquel jóven promedio pretendió con tanto fervor, lo usa como vitrina para lucirse ante los que todavía están del otro lado del vidrio. Ya no estudia, ya no lee, ya no se esfuerza, solo lo viste para sentirse, no para ser. Se viste para creer que puede serlo.
Lo que no sabe, nunca supo y nunca sabrá es que, por difícil que parezca, la academia esta abierta para quien la desea. Más que centros de alto nivel social, son cultivos, y todos pueden ser fruto, sin importar el manzano del que vengan.

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