jueves, 15 de noviembre de 2012

Niños digitales, niños del futuro.

La salida del mercado de la versión impresa del New YorkTimes, ya confirmanda por el presidente del diario, Arthur Sulzberger, y el ronroneo que corre de la adopción del reciente Ipad como método oficial para adquirir las suscripciones del futurodiario virtual pone en triste evidencia la crisis de las publicaciones con la masificaciónde los sistemas digitales que toleran la reproducción de textos.
 
La caída de uno de los diarios mas importantes del mundo desencadena un efecto dominó producto de la dependencia auto-adquirida por la creciente oferta tecnológica y pone en punto crítico los libros, los periódicos y la sapiencia humana de paso. Nos estamos disminuyendo a ser esclavizados.
 
Cuando antecesores en épocas no tan cómodas dejaron correr su talento y comenzaron a simplificar actividades básicas y complicadas a puntade inventos lo hicieron con toda la intención de potenciar el ingenio y lascapacidades sinfín de las personas. Dudo mucho que un Alva Edisson, o un GrahamBell hayan aportado tan valiosas creaciones para entorpecer a quienes las usaran.Todo lo contrario, ayudaron a florecer al hombre, a romper cualquier limitaciónfísica e intelectual posible y a vivir mejor en últimas.
 
Se vinieron siglos de innovación, espectaculares para la imaginación, para la creación, donde muchas de las labores se minimizaron, y nos permitimos un esplendor académico que producía más desarrollo, y éste nuevos descubrimientos.Recíprocamente convivimos con la tecnología contemporánea que vino en cada generación ,impulsando más tecnología, y más métodos y capacidades para crearla. La era digital no nos cogió fuera de base. Apareció la computación en el hogar, la telefonía móvil, los sistemas sensacionalesde entretenimiento, y ahí comenzó la degeneración.
 
Los años mozos de la tecnología digital y virtual, cuando tuvimos el Windows 98, el internet por teléfono (con su ruido particular), se “navegaba”en la red y se jugaba Doom, fueron motor para actualizar la manera de trabajar en oficinas, llevar tareas de estas al hogar, archivando la maquina de escribirpor ejemplo, renovando el concepto de comunicación a una escala global y acceder a información inimaginable en minutos (el internet era lento).
 
Pero se giró la moneda, y esa supleción de las insaciables necesidades humanas se convirtiócon una gradualidad imperceptible en una dependencia que de reciprocidad notiene nada, y a lo que se ve hoy en día esta cohibiendo casi en totalidad lasuficiencia de las generacionesnacientes.
Bibliotecas y enciclopedias online, redes sociales, blogueros (me incluyo), elementos audiovisuales propagados a gente sin inducción para su uso han dado una sensación inocua de poder, de sabiduría hueca, que logran que oficios tan plausibles como el periodismo sean tarea de cualquiera con un celular e internet. La decadencia es palpable y cruda.
 
Ya hoy son pocos los jóvenes que conocen una biblioteca, que entienden el fondo de hacer investigaciones, y si alguno medianamente lo intenta, no sale de los best-sellers más publicitados.
Aunque no pretendo ni invito a sentenciar la era digital. Las revoluciones nunca son fortuitas, traen un proceso de adaptación contiguo. Y al final de este proceso veremos niños del futuro con la palabra inmediatez tatuada en la frente.

Cuando la holgazanería desaparezca de la tecnología esta misma permitirá traer obras literarias históricas a todo tipo de mentes, la historia universal será difundida con interés y será pan de todos los días, la educación será reforzada, con la legitimidad de la propiedad intelectual, sin plagios, y entraremos en unnuevo renacimiento, mas profundo y próspero.
Espero con deseo sincero que mientras llegamos a este punto ideal no se pierdan muchas vidas en el ocio que da tener el mundo en una mano.
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